EXPEDIENTE X

PRIMERA PARTE.

-Tengo que hablar contigo serenamente….. ¿Que te parece esta noche en el garito de Merche?……vente solo……nos vemos chaval…… Agur benhur.

-¿Cómo va la cosa?…..Sí, muy bien…..vale….donde Merche….. a las 11…ok, allí estaré….Chao pescao.

Por aquel entonces vivía del cuento. Bueno, más bien del cuento que había escrito mi amigo Toni. Le habían dado nosecuantos premios como el escritor nobel más chachi y cursi de su generación. Yo le había programado un verano de lujo haciendo la presentación de su obra por distintas ciudades y pueblos de todo el estado.

Allí estábamos, en el extremo de la barra

Allí estábamos, en el extremo de la barra

Toni era un muchachote con muy buen tipo, musculado, moreno, facciones marcadas, labios carnosos, con flequillo y mechas rubias y una mirada perturbadora. Tenía un pequeño tic en la mano izquierda que no le dejaba parar de dar palmaditas en su muslo. Al principio te parecía curioso, luego percibías que a ese jambo le pasaba algo bastante feo.

Aquel día se presentó con unos pantalones blancos de licra algo prietos marcando culito y un polo verde de mercaillo. Llevaba un macuto de cuero muy pequeño ajustado a su hombro.

Le comuniqué la agenda para los meses de junio, julio y agosto. Visitaríamos capitales de provincia del interior y de costa, ciudades más pequeñas, pueblos grandes, pequeños y auténticos puebluchos. A cada una de las sesiones acudirían lo más granaó del mundo literario comarcal. En las ciudades costeras incluso algún literato de prestigio, que aprovechando sus vacaciones, se acercaría a ganar algunas monedas y aplausos.

– ¡No me lo puedo creer!, dijo el pájaro.

– Es más sencillo de lo que parece, amigo mío.

El lloraba de alegría, nos abrazábamos y reíamos de forma alternativa. Comimos, bebimos y fumamos durante toda la noche hasta caer derrotados encima de una mullidita alfombra que tenía en el salón de su casa.

Llevaba varios años dedicándome a gestionar el triunfo de los demás, les organizaba sus vidas y les proponía donde invertir los beneficios. Por lo general se trataba de periodos efímeros, unos meses a tope, promociones……y luego habitualmente se desinflaba. Todo dependía de la gracia y genialidad del artista. Se puede gestionar a un oportunista, pero todo tiene un límite.

Conocía a representantes de todo tipo, mediadores con las administraciones públicas, intelectuales, listillos que me ayudaban a programar y a gestionar sus actuaciones, listillas que hacían lo mismo pero con más gracia, gente que me garantizaba unos buenos beneficios que yo administraba y repartía convenientemente. Aquí nadie se quedaba sin su pellizco del pastel.

Pues Toni tenía esa gracia, llevaba dentro de sí un talento innato para un montón de cosas. Escribía cuentos y poesía, tenía un dueto de música con Gabriela, como hobby pilotaba avionetas, y por si fuera poco, le encantaba el cine y se sabía de memoria extensos diálogos de películas. Había veces que hablando con él te venían a la cabeza escenas que ya conocías o te sonaban de algo, realmente no sabías que era real o ficción.

La avioneta de Toni y su hermana

La avioneta de Toni y su hermana

Así que, ese verano prometía que lo íbamos a pasar en grande, viajando  con todos los gastos pagados por los patrocinadores y las autoridades locales. Nos promocionaba Fresas de Huelva y llevábamos unas gorrillas con el anagrama, una enorme fresa con relieve muy muy suave.

Nos acompañaría Gabriela y alternaríamos las lecturas de poesía con pequeños recitales. Versionaban grandes éxitos del reguetón hispano de ayer y de hoy, y de pascuas a ramos improvisaban algún tema original. Su tema estrella era el de esa muchachita.

-Esa linda muchachita que me ama \ Tiene la frescura de la rosa de mañana \
Tiene un ángel que refleja en su mirada \ Ese bomboncito es quien siempre me acompaña…

 –Ay mama! Ay mamasita, me voy a lleva’ a esa muchachita \ Me voy a roba’ esa
muchachita \ Óyelo mi nena, corazón bendito. Óyelo mi nena, corazón bendito \ Me divierte bailando, me enamora cantando…

Grandes letras para grandes artistas.  Lo cierto es que Gabriela enamoraba bailando y cantando.

Gabriela en la estación de Atocha

Gabriela en la estación de Atocha

En la presentación de Alcázar de San Juan nuestra programación dio un giro inesperado. Aparecieron una serie de gogos, en concreto nueve hermosas muchachas, contratadas directamente por nuestros patrocinadores (eso les dije a todos), llevaban grandes racimos de fresas colgando de los pezones, los cuerpos llenos de tatus y parecían estar más ricas que el pan, y eso que decían que las nenas en estas fechas se arrebataban. Estábamos a principios de julio y nos acompañarían el resto de la gira veraniega.

Mis gogos el pasado verano en Lanzarote

Mis gogos el pasado verano en Lanzarote

Una de las chavalas era mi amiga Bea. Estaba pasando una fase divertida. Hacía unos meses me había encargado que le resolviera un pequeño problemilla que le estaba envenenando la vida. Trabajaba en un almacén mayorista de frutas y verduras que se encargaba de colocar el producto que iba perdiendo su frescura habitual y había que sacarle un rendimiento, por pequeño que fuera.

Su jefe era un verdadero hijo de puta, el muy bastardo la quería catar a toda costa, y ante el rechazo le hacía la vida imposible. Con alguna buena escusa conseguí introducirme en la vida de ese desgraciado. Hice migas con su santa abuela en la cafetería que había en la esquina de su calle, donde iba a jugar al julepe con unas amigas. Mi sexapil y gracejo personal engatusaron a esa agradable ex-ama de casa. Ya teníamos los billetes para las islas Canarias. Me llegó a querer más que a su propia vida, y en ese trance conversé con su amado nieto.

-O dejas tranquila a mi colega o me cargo a disgustos a tu queridísima yaya.

No volvió a molestarla ni a dirigirla la palabra. Al poco, pidió el finiquito y fue indemnizada como si hubiera sido ella la gerente de la empresa.

A Gabriela la llegada de estas chuquis tan bonitas no le hizo mucha gracia, al principio. La tranquilicé al aclarar que solo compartirían escena con Toni cuando se hicieran las fotos con las autoridades o con los medios de comunicación. Luego fue otra cosa, no solo compartimos esos momentos, lo compartimos prácticamente todo.

En primer lugar nos alojábamos en los mismos hoteles, almorzábamos en los mismos restaurantes y hasta nos íbamos de copas a los mismos garitos. Todo era perfecto, funcionábamos como un equipo bien engrasado, todo el mundo sabía lo que hacer en cada momento. Existía buen ambiente, todos teníamos nuestro punto de humor y reíamos como chiquillos con solo mirarnos o hacer cualquier mueca. Nos sorprendíamos como bastante frecuencia y nuestras caras estaban casi siempre medio torcidas.

Bea dominaba el twerking y resto de las chicas el bullarengue, movimiento mucho más zafio. Con todos estos conocimientos previos se coordinaron y ensayaron algunos bailes en los que movían los culetes con verdadera maestría. La que mandaba el cotarro se llamaba Sara y tenía un trasero impresionante, me habían dado muy buenas referencias de ella. Después de cada lectura entraban en acción, se lucían de lo lindo dejando a toda la concurrencia ojiplática y más suave que un guante.

Después de Alcázar fuimos a Ciudad Real, Valdepeñas, cruzamos Sierra Morena, la Carolina, Torredonjimeno, Jaén, Sabiote, Grana capital…….y por fin tocamos costa.

Al cabo de unos días, después de cenar en una terracilla de Salobreña, les propuse tomar una copilla al borde del mar. Nadie se animó. La gente estaba algo cansada de tanto viaje y de tantas risas y marcharon al sobre.

No me resigné y salí solo a ver las estrellas. Caminaba descalzo por la playa cuando tropecé con Gabriela y Sara, estaban retozando en la arena y devorándose la una a la otra. Sus cuerpos estaban tensionados y sudorosos, y como la mostaza caducada, ganaban con los años.

Sara tomando el sol en una postura bastante extraña

Sara tomando el sol en una postura bastante extraña

-¿Pero no decíais que nada de copichuelas, que estabais agotadas? –pregunté con cierta retranca.

-Necesitamos tranquilidad, necesitamos intimidad, vete de paseo, vete a paseo, o mejor a pasear tu solo –me dijo Gabriela.

Tomé un copazo en un garito playero y me fui a dormir. Por la mañana me puse tibio con el desayuno del hotel, como siempre. Había varios periódicos amontonados en un extremo de la barra y cogí uno al azar. Era un periódico local llamado Costa Tropical. En primera página aparecía el extraño suceso acontecido la noche anterior, dos turistas que habían muerto tragadas por una de esas máquinas infernales que limpian nuestras hermosas playas, que habían dado nosecuantas vueltas por el torno del rastrillo y que estaban irreconocibles. Que las habían sacado de la tolva de ese trasto en un estado lamentable.

Esas máquinas infernales

Esas máquinas infernales

Me quedé pensativo por un instante y llamé a Sara para preguntar cómo habían pasado la noche. Nada, no contestaba nadie en su habitación.

Mandé un wasape al grupo de marras y me contestaron que no las habían visto.

Fui a la recepción y pregunté por el mayordomo de guardia y por su llave maestra. Subimos todos en comandita. Al abrir la puerta el tipo quedó sorprendido y nos miró.

-¿Es esta la habitación de sus amigas?

Afirmamos todos con la cabeza.

-Esta habitación está sin ocupar. Debe haber un error en el registro.

Entramos todos en tropel y echamos un vistazo. Yo me dirigí al baño y observé que había un chicle pegado en el perfil de arriba del espejo, algo que Sara siempre hacía y pocas veces limpiaban las camareras de planta.

Nos miró y todos confirmamos que esa habitación era la de Sara, no había duda, las mismas vistas por la ventana, los mismos cadáveres de mosquitos en las paredes, la misma tele, el mismo cenicero…..todas las putas habitaciones de los hoteles son iguales y no te das cuenta que te has equivocado hasta cuando te vas a lavar los dientes y extrañas el cepillo, que no es el tuyo. Pero bueno, esa era la habitación de Sara. Bajamos todos en comandita hasta el recibidor. Una amable recepcionista del hotel miró el registro y confirmó que esa habitación había sido devuelta la noche anterior. Que sus inquilinas se marcharon y que habían dejado la neverita medio temblando, que solo había una lata de aceitunas y una manzana bastante madura, por lo que llevaría allí varios días.

-¡Vaya datos más concretos que ofrece esta muchacha!, pensé.

SEGUNDA PARTE

Unos días antes la relación se había hecho más visible. A Gabriela y a Sara se las veía juntas a todas horas. Toni se fue irritando poco a poco y pasaba el día malhumorado. Yo le di un buen consejo que no venía mucho a cuento pero que me gusta decírselo a los amigos.

-Como decía aquel, si luchas puedes perder, si no luchas estás perdido.

-Nací cuando ella me besó, morí el día que me abandonó, y viví el tiempo que me amó –me contestó el jambo.

Las actuaciones que hacía con Gabriela se convirtieron en simples bolos sin ninguna gracia. En las lecturas de poesía se le percibía ausente y distante. Se le estaba jodiendo el carácter y a todos el resto el verano.

Me insinuó que hiciera algo, que pusiera fin a esa maldita relación. Investigué un poco el pasado de la pareja y resulta que tanto Sara como Gabriela tenían unas yayas muy ricas, pero aquello no podía solucionarse de ese modo.

Amigo Toni, te jodes y te aguantas, las cosas son así y así se las hemos contado –le dije al perturbado artista.

Paula con peluca rubia en su perfil del facebook

Paula con peluca rubia en su perfil del faccebook

Al rato llegaron al hotel varios coches de policías. Al mando de todos ellos estaba la comisaria Rodrigues, Paula Rodrigues Bento, así se presentó. Una mujer seria a la que no le sobraba ni un gramo de grasa, delgada, enjuta pero grácil, todo músculo y delicadeza, mirada profunda y perspicaz, pelo corto y moreno, ojos verdes y felinos. Esta tipa tenía genes de varios continentes.

El gerente del hotel habilitó un pequeño salón y por allí fuimos pasando todos de uno en uno para dar nuestra versión de los hechos. El último que las había visto con vida el día anterior era yo. A Paula le comenté el encuentro nocturno en la playa y le entregué una foto de Gabriela del día anterior.

Gabriela el día anterior

Gabriela el día anterior

Cuando salió Toni pude escuchar que le decía a la comisaria: -La vida no es más que un interminable ensayo de una obra que jamás se va a estrenar.

Me coge del brazo y me lleva a un pequeño jardincito interior del hotel que servía de distribuidor y dice susurrándome al oído.

-A esa mujer le pasa algo muy raro. Los polis están todos locos, sus parejas no les aman, sus hijos les temen, cuando salen de copas solo hablan de tonterías.

No le hice mucho caso y volvimos a dentro. Me coge del brazo la comisaria y dice susurrándome al oído:

-Su amigo está como una regadera, está completamente chiflado. Me ha dicho durante el interrogatorio que no existen preguntas sin respuesta, solo preguntas mal formuladas.

-Todos nos volvemos locos alguna vez, – contesté.

Yo estaba bastante consternado por la pérdida de Sara, con lo bien que movía el culete. A Toni no se le veía nada afectado por la pérdida de Gabriela, como si nada hubiera ocurrido.

agentes de la policia científica abandonando la playa-4

Agentes de la policía cientifíca, uno de uniforme y otro de incógnito

Paula me dijo que tal como habían quedado los cadáveres era imposible, de momento, hacer una sesión de reconocimiento. Que sus compañeros de la científica estaban intentando reconstruirlos, al menos separar los trozos de un cuerpo y los del otro. Así que hasta dentro de unos días no podríamos confirmar si realmente se trataba de ellas.

 

Agentes de la científica inspeccionando el fondo marino

Agentes de la científica inspeccionando el fondo marino

-Tal como han quedado los cadáveres es imposible, de momento, hacer una sesión de reconocimiento -añadió.

Sus compañeros de la científica estaban intentando reconstruirlos, al menos separar los trozos de un cuerpo y los del otro. Así que hasta dentro de unos días no podríamos confirmar si realmente se trataba de ellas. -En cualquier caso, no abandonen el país hasta que esto se resuelva.

Les propuse al resto del equipo seguir con la gira hasta que la juez nos llamara para realizar la sesión de reconocimiento. No nos moveríamos mucho. Las siguientes etapas eran en Roquetas de Mar, San José, Garrucha, Xátiva y Peñíscola. Sorprendentemente, a todos les pareció bien.

No es que yo fuera tan duro como para pasar página con el suceso. Había sido idea de Paula. Prefería que siguiéramos con lo nuestro durante la espera. Ella se integraba al equipo de gogos y así perfilaría el carácter y temperamento de cada uno de nosotros, además, dominaba el bullarengue y remplazaría a Sara en esa difícil tarea.

-Nunca lo hubiera imaginado –pensé.

Llevaba un chino delante de mí que balanceaba los brazos al andar de forma exagerada y descoordinada, se mete en un portal. Me cruzo con una china pequeñaja que arrastra una maleta naranja con ruedas llena de pegatinas de vuelos y más vuelos. Llego al hotel y la recepcionista es también una china petarda que está hablando por teléfono con alguien en chino. Pienso que he sido abducido y trasladado a la china capuchina.

Paula me zarandea y grita DESPIERTA, DESPIERTA CHAVAL. Me pregunta que qué pasa. Me despierto todo sudoroso y con inicio de taquicardia, la comisura de los labios llena de saliva y de arena seca.

Un mal sueño. ¡Pensaba que me comían los putos amarillos!

Tanto tinto de verano tiene sus consecuencias, es percibir la brisa marina y entro en un trance que me traslada a otros mundos.

Cosas que aparecen cuando baja la marea

Residuos orgánicos con marea baja

Estábamos en la peligrosísima playa de las Escobetas, ya en Garrucha, y me había quedado dormido bajo la sombrilla. Esta playa tiene una resaca de mil diablos y cuando baja la marea deja en la arena multitud de restos orgánicos de todo tipo.

Mis gogos saliendo de la playa de las Escobetas-2

Mis gogos saliendo a la carrera de la playa de las Escobetas

A nuestro lado estaba Toni. La playa y el sol le sentaban estupendamente. Llevaba una visera y unas gafas de sol con protector de nariz incluido, camisa larga y bañador turbo estampado de flores.

Junto a nuestras sombrillas había unas tumbonas en donde reposaban nuestras gogos.

-Pero no tienes calor, mon amour –le pregunta Elizabeth a Toni.

Elizabeth era una fantástica nativa de la Martinica y la última incorporación al equipo de gogos, llevaba en nuestro país apenas un año.

-Cómo decía aquél… ¿camisa de manga larga?, siempre –contestó.

Paula me miró, frunció los ojos y puso cara de sorpresa.

Las latinas gesticulan con los ojos una barbaridad, las negras entornan sus ojos como caén las hojas en otoño.

-¿Tienes sangre latina? –pregunté.

Soy de Cabo Verde por parte de padre, y de la Guaíra brasileña por parte de madre. Nací en el Pedernoso por casualidades de la vida.

CONTINUARÁ

 

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